UN VERSO DE AMOR
Los poemas de amor
se desatan en el cuerpo,
pero qué pasa cuando
el cuerpo
es un nudo de dolor.
Tensas ansioso
una hebra saliente
y el nudo se acrecienta.
Hiriente cedes porque el dolor
no comprende.
Inocente,
no existes más que en la medida
en que tu cuerpo renueva
madejas hirsutas.
Al final, siempre
esperas que Ariadna
llegue y con su espada
labiada
muerda la terca raigambre
para liberar
al menos
un verso enamorado.
Más tarde, otra vez,
serás un laberinto.
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