LA POETA Y LOS PERROS ENLOQUECIDOS
La poeta iba en su auto
sabía lo que hacía:
dirigirse a su casa
a escribir un poema
para recordar lo que hoy
pasaba en su ciudad.
Los perros habían enloquecido
como Cujo en aquel cine
de Marcus West
solo que esta vez
en las calles y con los dientes
puestos en los cuellos
de latinos y morenos.
"Morded a los feos",
había mandado el presidente,
"pedirles pedigrí
y morder, morder fuerte."
La poeta escribiría
entonces sobre perros enloquecidos
y manos desarmadas.
Mientras le temblaban
las piernas
-el freno y el miedo-,
las palabras dolían en su vientre
acongojadas por el grito
de la gente corriendo.
Chillaban.
El fuego y el gas pimienta,
también alimañas
de batalla,
saltaban y reían.
Sobre su auto había una nube
macilenta
y tres bestias
como en Walking Dead
pero con conciencia
y pistola:
la vieron mujer y poeta.
La sangre es mejor
cuánto más duele:
dispararon
no uno
no dos
no tres
un millón de odios
y sinrazones.
Peligrosa.
Así se mata la vida.
No habrá más poemas,
cito a Adorno
a Lorca a Jara.
Tenían razón.
Asesinar el futuro
solo es posible con una
muerte limpia
en la cabeza de una poeta.
No habrá más poesía,
escribieron.
#inmemoriamRenee
#ReneeNicoleMacklinGood
@josejarapoesia
Dedicado a Renee Nicole Macklin Good, asesinada por la Policía Antiinmigracion en Mineápolis, Minesota, el día 7 de enero de 2025. Con ella murió un poema, la vida de la vida, otra vez.
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